Instantes

Si pudiera vivir nuevamente mi vida

en la próxima trataría de cometer más errores,

no intentaría ser tan perfecto, me relajaría más,

tomaría muy pocas cosas con seriedad,

sería menos higiénico.

Correría más riesgos, haría más viajes,

contemplaría más atardeceres, subiría más

montañas, nadaría más ríos......

Iría a más lugares adonde nunca he ido,

comería más helados y menos habas,

tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata

y prolíficamente cada minuto de su vida;

claro que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver atrás,

trataría de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,

sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte

sin un termómetro, una bolsa de agua caliente,

un paraguas y un paracaídas;

si pudiera volver a vivir, viajaría mas liviano.

Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar

descalzo a principios de la primavera

y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita,

contemplaría más atardeceres

y jugaría más con niños,

si tuviera otra vez la vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Sobre el mojado camino

Ernesto Cardenal

Sobre el mojado camino en el que las muchachas con sus cántaros

van y vienen,

cortado en gradas en la roca,

colgaban como cabelleras o como culebras

las lianas de los árboles.

Y una especie de superstición flotaba en todas partes.

Y abajo:

la laguna de color de limón,

pulida como jade.

Subían los gritos del agua

y el ruido de los cuerpos de color de barro contra el agua.

Una especie de superstición...

Las muchachas iban y venían con sus cántaros

cantando un antiguo canto de amor.

Las que subían iban rectas como estatuas,

bajo sus frescas áncoras rojas con dibujos

los cuerpos frescos de figura de ánfora.

Y las que bajaban

iban saltando y corriendo como ciervas